Menu

Mostrando entradas con la etiqueta Semana Santa en Griñón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Semana Santa en Griñón. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de marzo de 2016

Comentario de D. Santiago a las lecturas del viernes 25 de marzo, Viernes Santo

VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

Cuando hace muchos siglos los orientales crearon la cruz como método de muerte y de tortura, lo hicieron para inferir el mayor de los sufrimientos al reo y que fuese escarmiento para el resto de los delincuentes. Pero no sabían el alcance y la trascendencia de su invento.
La cruz a través de la historia ha sido motivo de muchas cosas. De los mayores dolores y de los más atroces sufrimientos, de enfrentamientos y guerras. Pero también del amor más sublime, de la entrega más generosa, de sangre derramada por fidelidad y por amor.
Viernes Santo es el momento en que la Iglesia se postra ante la cruz, el momento en que adoramos la cruz, el momento en que la miramos con ojos gozosos, porque en esa cruz estuvo colgado quien era toda la misericordia y todo el amor de Dios. Porque en esa cruz estuvieron, están, colgados todos los pecados del mundo. Porque en esa cruz la muerte fue vencida y en ella mana el mayor manantial de vida que podamos imaginar.
Pero podemos tener la tentación de mirar la cruz como un elemento de fervor y de devoción, como un signo sagrado al que veneramos, pero en suma algo del pasado, que nos valió nuestra salvación, pero del pasado.
La pasión y la muerte de Jesús es algo que ocurrió ayer, pero que sigue ocurriendo hoy, porque Jesús sigue muriendo por todos y en todos. Jesús sigue agonizando, sangrando, derramando su vida en todos los que sufren, en todos los perseguidos, en todos los que son masacrados.
Jesús sigue crucificado en ese refugiado, niño y adulto, que espera entre el barro y el frío, las migajas de nuestro mundo opulento. Jesús sigue siendo crucificado en tantos pobres, en tantos desamparados, en tantos a los que les falta lo más elemental y que tienden, como Lázaro, sus manos esperando las migajas de nuestras mesas bien dotadas, de nuestras comodidades y nuestro consumo descarnado. Jesús sigue siendo crucificado en todos los débiles que nosotros utilizamos para sentirnos generosos, pero sin el más leve deseo de cambiar de vida.
Vamos a llegar a los actos litúrgicos y miraremos devotos la cruz de Jesús que se muestra, veremos como se va descubriendo y contemplaremos la imagen del crucificado. Pero no se si veremos el dolor de tanta gente inocente, víctima directa de nuestro egoísmo, de nuestra cobardía, solos. Como se vio Cristo, como se ve Cristo, abandonados, con gente piadosa que los mira pasado de ellos, viendo en esa cruz sólo lo que se quiere ver, lo que no nos incomoda.
Si queremos participar de la cruz, de la vida que brota de ella, debemos dejarnos crucificar, debemos dejarnos calvar, para que en ella muera todo nuestro egoísmo, toda nuestra cobardía. Colgar de la cruz para que veamos a todos los que sufren, para que nos duela su dolor, para que sintamos en nosotros el frío de su desamparo, como a Cristo le duele el dolor del hermano abandonado. Porque cuando sintamos ese dolor de verdad, cuando compartamos el frío del madero, comenzará a correr por nosotros la alegría de la vida, porque habremos muerto al pecado, para ir, poco a poco, a ese sepulcro origen de la vida, fuente de la vida sin fin.

Santiago Rodrigo Ruiz

martes, 22 de marzo de 2016

Comentario de D. Santiago a las lecturas del jueves 24 de marzo, Jueves Santo

JUEVES SANTO. MISA EN LA CENA DEL SEÑOR

Cuando de pequeños relatábamos los siete sacramentos, lo hacíamos con una cantinela idéntica, como si fuese una cosa más. Naturalmente no éramos conscientes que estábamos explicando la actuación de Cristo en su Iglesia. El ser y el estar de Cristo vivo entre nosotros, pero de una forma real, siendo parte de cada momento y opción de nuestras vidas. Es la “presencia social” del Señor entre nosotros. E incluso se le pone un momento de la vida de Cristo en el que va apareciendo cada uno de los sacramentos.
Jueves Santo, la Cena del Señor, es el momento culminante del Misterio de Cristo, porque es la concreción de su mensaje y de su persona. En la Cena del Señor se van desgranando todos los momentos y todos los gestos que nos dicen que el que preside esa mesa es el Amor de Dios Encarnado. Es el momento en el que Él anticipa su muerte y su resurrección para darse a si mismo en el pan de vida, para que sus discípulos saboreen, ya que Él nunca se va a separar de ellos, que tengan la convicción absoluta de que su presencia real, física, palpable como lo tienen allí, se va a perpetuar más allá de los tiempos.
Es el mensaje de amor de amor más perfecto, la entrega más absoluta, la generosidad elevada a lo más sublime. Porque el mismo Dios ha decidido ser comida y bebida para todos, de un modo inagotable, un manjar eterno. Milagro ante el que los cielos y la tierra han de postrarse en adoración continúa. Ante el que debemos acercarnos con el gozo de sabernos llamados por el mismo Dios y el temblor de sentirnos indignos de tanto amor, de tanta generosidad de tanta misericordia. Acercarnos a ese cuerpo roto en la cruz y perfecto en la mañana de Pascua.
Por eso el gesto del Señor, de lavar los pies a sus discípulos, es el indicativo de cómo tenemos que acercarnos a este sacramento, al misterio de la Eucaristía, al don del mismo Dios. Porque nadie nos podemos acercar a esta comida dignamente sin habernos postrado a los pies del hermano más necesitado, despojándonos de todo lo que nos desfigura, de todo lo que nos aleja. Lavar los pies con nuestro desprendimiento, pero real, sin falsas emociones, sin engañarnos a nosotros mismos. Acercarnos a este banquete habiendo hecho de nuestra vida un reflejo de la entrega y del amor de Cristo. Lavar los pies del hermano con un amor y un perdón, dado y pedido, que vaya eliminando las asperezas del alma, esas que se oponen a que nos liberemos de verdad, que nos aferran a lo material con todas nuestras fuerzas, y que no son otra cosa que artimañas del Maligno que nos quiere lejos de esa mesa, de ese banquete en el que él es destruido.
Jueves Santo, Misa en la Cena del Señor, abrazo perpetuo del Dios del amor a los hombres. Vivir la Eucaristía, pero a la manera de Cristo, sin acoples ni disimulos. Gozar la Eucaristía como ese don que nos deja desnudos ante Dios, al tiempo que somos vestidos de su gracia, de su amor y de su entrega. Despojarnos de todo lo que nos afea, para vestirnos de maravilloso manto de ese amor contagioso de Dios, que nada más entrar en nosotros se va extendiendo para envolver al mundo de vida.

Santiago Rodrigo Ruiz

sábado, 19 de marzo de 2016

Programa de actos de Semana Santa en Griñón

PROGRAMA SEMANA SANTA 2016

DÍA 20 DE MARZO - DOMINGO DE RAMOS:

12:00   PROCESIÓN DOMINGO DE RAMOS DESDE LAS CLARISAS


DÍAS 21, 22 y 23 DE MARZO (LUNES, MARTES Y MIÉRCOLES SANTO)

19:00   EUCARISTÍA EN LA IGLESIA PARROQUIAL Y CONFESIONES (para quien lo desee)


DÍA 24 DE MARZO -  JUEVES SANTO:

18:30    OFICIOS EN LA PARROQUIA
22:30    HORA SANTA EN LA PARROQUIA

A PARTIR DE LAS 24:00 ACOMPAÑAMIENTO AL SANTÍSIMO EN TURNOS DE 1 HORA, PODÉIS APUNTAROS EN LAS HOJAS QUE SE DEJARÁN AL EFECTO EN LA PARROQUIA.


DÍA 25 DE MARZO  -  VIERNES SANTO:

18:30    OFICIOS EN LA PARROQUIA
21:00    PROCESIÓN DEL VIACRUCIS DESDE LA PARROQUIA


DÍA 26 DE MARZO:

00:30    PROCESIÓN DEL SILENCIO DESDE LAS CLARISAS
23:00    VIGILIA PASCUAL EN LA PARROQUIA


DÍA 27 DE MARZO - DOMINGO DE RESURRECCIÓN:

11:00     PROCESIÓN DEL SANTO ENCUENTRO  (DESDE LA PARROQUIA  LA VIRGEN Y DESDE CLARISAS EL RESUCITADO) Y CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA A CONTINUACIÓN EN LA PARROQUIA.

viernes, 18 de marzo de 2016

Comentario de D. Santiago a las lecturas del domingo 20 de marzo, Domingo de Ramos

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASION DEL SEÑOR
Comenzamos una semana llena de contrastes. Un parte de religiosidad popular llena de manifestaciones religiosas, procesiones y momentos de recuerdo de los misterios de la pasión del Señor. Algo muy importante porque creo que los cristianos debemos hacer pública nuestra fe y llevarla a las calles de todas las ciudades y pueblos.
Por otra parte las celebraciones litúrgicas, que de un modo cuidadoso van desgranando cada momento de este espacio de la vida de Cristo en el que se concreta de forma definitiva el misterio de su vida y la realización de nuestra salvación, esa salvación proyectada por Dios desde el principio de los tiempos y que en la muerte y resurrección del Señor se culmina.
Y lo comenzamos con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, la ciudad santa. Triunfal en la humildad de un pollino, triunfal sin intentar demostrar su grandeza, sino estando a la altura de la gente más sencilla, para desde esta humildad exaltar la grandeza del hombre al que ha venido a redimir. Redimir en un camino de torturas y dolores.
Siempre intento elaborar lo mejor posible cada comentario que hago a las lecturas del domingo. Pero hoy voy a ser un copión y os traslado parte de una oración que hay en el guión litúrgico que hace Caritas para los tiempos fuertes:

“Oye, Jesús, eso de que las piedras gritaran me gusta. Frente a la pasividad que muchas veces he demostrado en lo tocante a la manifestación de mi fe, vienes tú y dices que no te va, que no te encuentras a gusto en las bocas calladas y un catolicismo de “circunstancias” y de “papel”. Pero eso es lo que se estila, un catolicismo “light” que no compromete a nada, que busca la pantalla y la figuración, un catolicismo que no tiene empacho en distorsionar el profundo significado de las realidades sagradas.
Por eso, Jesús, me apena que para muchos seas un simple payaso con el que se quiere justificar la fiesta y tantas hipocresías y celebraciones “cirquenses” en nuestros templos. En el fondo tú no interesas para nada. Un simple personajillo que tan pronto se acaba la fiesta no se sabe si ha sido algo real o un simple fuego de artificio.
Yo me pregunto en que medida soy culpable de esta situación del catolicismo de nuestros días… Porque es muy fácil y cómodo acusar a los demás y quedarse uno con la falsa sensación de creerse inocente no haciendo nada para que todo se enderece y tome la dirección correcta. ¡Cuántas veces he criticado los errores y los abusos de los demás y después me encuentro con que he caído en lo mismo!
En este Domingo de Ramos me gustaría gritar al mundo “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” ¡Pero de verdad! El Señor verdadero, el auténtico, no el “payaso” de turno con el que quiero camuflar a veces mi débil condición de creyente. No quiero esperar a que las “piedras griten”. Estoy dispuesto a renunciar a mi condición de mudo y anunciar a todos que tú eres el Salvador y el Guardián de nuestras almas.
Y no sólo de palabra. Quiero que mis actitudes tomen otro rumbo y logren demostrar que no soy un “palo muerto” en las agitadas aguas de la vida.  (Guión litúrgico de Cuaresma-Pascua 2016 de Cáritas, páginas 183-184)

Jesús entra en Jerusalén deseando la paz a todos. Él que va a sufrir la mayor de las violencias, pero unas violencias que son el principio de la paz definitiva para el mundo. Una paz que brota de la cruz ensangrentada del calvario, una paz que se intenta sepultar, pero que va a romper todos los sepulcros. Porque es la vida definitiva, la vida que se hace perdurable en la Eucaristía y en sangre redentora de todos los pecados, vertida una y otra vez e instrumento de salvación perpetuamente.

Santiago Rodrigo Ruiz

sábado, 4 de abril de 2015

Comentario de D. Santiago a las lecturas del domingo 5 de abril, Domingo de Pascua

DOMINGO DE PASCUA FLORIDA

En uno de sus sermones, San Agustín dice que aquel que no podía morir se hace mortal, para que nosotros, condenados a morir, tengamos vida eterna. Los que estábamos llamados a la muerte hemos sido liberados de esta condena, porque en la cruz de Cristo todo ha sido renovado. Ha muerto todo lo que se opone al Plan Salvífico de Dios y brota la nueva vida, la vida que no será limitada por nada, ya que tiene su origen en la sangre de Cristo y rompe todos los sepulcros. Por eso ha de morir todo lo viejo y renacer como un niño.
Que muera el viejo mundo de la violencia, ese mundo que llega a pensar que las guerras pueden solucionar las cosas, ese mundo que intenta dividir al mundo en malos, enemigos, los otros. Que resucite el mundo de la paz, el mundo del abrazo fraterno, el mundo que hace que todos nos miremos y sólo veamos hermanos.
Que muera el viejo mundo del egoísmo, ese mundo que atesora los bienes, como si los que acaparan fueran a vivir siempre. Ese mundo que abre fronteras y crea distancia entre ricos y pobres, el mundo que permite que unos poquitos despilfarren y los más carezcan hasta de lo más elemental. Que resucite el mundo de la solidaridad. Una solidaridad que borre las lagrimas de todos los niños, una solidaridad que permite la fraternidad, que crea auténticas esperanzas, que abre horizontes de ilusión a todos los hombres.
Que muera el viejo mundo del consumo. Consumo que ata y esclaviza, que hace al hombre adorador de las cosas, que se han puesto sobre él. Ese mundo que hace del placer el objeto de la vida y que arrincona lo que no se ajusta  sus deseos, lo que él considera feo. Que resucite el mundo de la libertad, en el que el hombre no será oprimido ni manipulado por nada ni por nadie, donde cada cual toma lo que necesita y comparte con el hermano agradeciendo ambos a Dios lo que reciben sabiendo que es el único Señor.
Que muera el hombre viejo, con un alma vieja, con un corazón viejo, lleno de rencores y resentimientos. Que resucite el hombre nuevo. Con ojos nuevos para ver a Dios y en él al hermano. Con oídos nuevos para escuchar a Dios que le habla en todos los hermanos que necesitan de su amor. Con labios nuevos, valientes que denuncian la injusticia, que alaban a Dios y evangelizan a los pobres. Con manos nuevas para servir, acariciar y bendecir, manos que sean el hacer del mismo Dios. Con pies nuevos, andariegos, peregrinos, que corren ágiles allá donde es precisa una ayuda o un consuelo. Con mente nueva que entienda para abrirse a los signos de los tiempos en los que Dios actúa. Con corazón nuevo, que sea fuente inagotable de alegría y de esperanza, un corazón ardiendo de amor.
Y celebremos la fiesta. Porque es la fiesta de todas las fiestas, la fiesta de la vida, el primer día de la semana. Día en que Cristo vivo se hace presente en los hermanos, que se quiere encontrar con nosotros, que quiere mirarnos a los ojos para mostrarnos su manos traspasadas, pero unas llagas que son un manantial de vida y de misericordia.
Es el día de pascua, el primer día de la semana, el primer día de todos los tiempos. Porque la resurrección del señor lo estrena todo, todo lo hace nuevo, el mundo los tiempos y los corazones. Los corazones que se dejan empapar de la vida que es Cristo resucitado. Feliz día de Pascua. Feliz mundo nuevo.

Santiago Rodrigo Ruiz

jueves, 2 de abril de 2015

Comentario de D. Santiago a las lecturas del 3 de abril, Viernes Santo en la Pasión del Señor

VIERNES SANTO EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

Lo que celebramos en el Viernes Santo es la Cruz, la victoria del amor, la Glorificación de Jesús, el triunfo del hombre por la entrega de Dios. Miremos la Cruz, contemplemos la Cruz. Descubramos en ella al hombre verdadero, aprendamos su camino. En Jesús muerto de Amor, está presente Dios mismo glorificando, dignificando, salvando al hombre.
Hoy es el día en que los cristianos levantamos entusiasmados la Cruz gloriosa del hombre que ha descubierto su sentido en el amor extremo del Padre, que con su Hijo crucificado nos ha mostrado su compasión sin límites. Una compasión que nos hace ser capaces de vivir con fortaleza la debilidad de nuestras vidas y de la historia, porque sabemos que no estamos solos. Una compasión que nos hace combatientes solidarios que apuestan en la historia por los crucificados, porque creen en la victoria definitiva de la verdad. No adoramos la Cruz del fracaso, sino el fracaso de los que crucifican y condenan a sus hermanos.
Hoy es el día en que hacen fiesta todos los que han lavado y blanqueado sus mantos en la Sangre del Cordero. Hoy la Cruz consuela y anima, para que mirando al que atravesaron en su inocencia entregada, todos podamos ser curados sintiendo que sus cicatrices nos han curado.
En tiempos de crisis necesitamos, más que nunca, activar esta memoria de la Cruz y recordar que la esperanza se nos ha dado a favor de la causa de los pobres. La memoria de la Cruz desbarata el entusiasmo ciego de creer que el mundo tiene arreglo él solo, sino que tiene sentido luchar para que tenga arreglo.
Jesús no se desmoronó en su fe, pero saboreo la noche y el ahogo de la fe más profundamente que cualquier hombre. Porque al clamar moribundo a Dios experimentó el insondable misterio de Dios y su voluntad. De forma que en ese vacío insuperable superó ese vacío por la fe.
Porque Jesús ora en su dolor. Pone en las manos del Padre su límite y su debilidad y confía en el Padre, se abandona a su amor, se abre a su misericordia.
Jesús muere orando. Como hombre de fe profunda. Jesús, sin ver nada, sin sentir nada, sin apoyos, totalmente desnudo y solo muere orando: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Su oración hecha un grito resonó en toda la humanidad, en toda la Creación. Su momento último se hizo grito escuchado sobre todo en el corazón del Padre.
A nosotros no nos queda nada más que ver que la palabra del Padre ha quedado cumplida. Con la muerte de Cristo se rompe el velo del templo, el cielo y la tierra se han encontrado para la eternidad, ya  no pueden permanecer los muertos en la muerte, ya tienen que resucitar. Ahora, agarrados a Cristo en la Cruz, tenemos que esperar que se cumpla también en nosotros la voluntad del Padre. Agarrados a Cristo en la Cruz tenemos que aprender a llevar la cruz de nuestra humanidad, limitada, sufriente, hasta las manos del Padre, para que la resucite con la fuerza de su corazón que ha explotado en la lanzada y nos ha dado para siempre el agua que nos purifica y la sangre que nos salva.
Por eso en este Viernes Santo, sólo presentamos nuestro deseo de verle y adorarle en la Cruz, querer ser como Él, con un corazón que sólo desea seguirle, para tener con Él y como Él una vida sin medida en el corazón del Padre. Querer clavarnos en su Cruz para, desde ella saber vivir su fuerza y experimentar la vida eterna que lleva en sus entrañas.

Santiago Rodrigo Ruiz

miércoles, 1 de abril de 2015

Comentario de D. Santiago a las lecturas del 2 de abril, Jueves Santo

JUEVES SANTO

Jueves Santo es la constancia clara de que existe una mesa universal. Una mesa a la que todos estamos invitados. Una mesa de la que sólo está excluido aquel que se ha olvidado de amar, aquel que no ve al prójimo como ese al que amar, ese al que sentirse unido en todo.
Porque Jueves Santo es el recuerdo, el memorial, de que sólo el amor es capaz de mover al mundo. Por eso es el momento de la Eucaristía. Celebrar la Eucaristía no es cuestión de celebrar un precepto tranquilizador, ni una devoción privada que hemos heredado. Celebrar la Eucaristía es sabernos incorporados, urgidos, a la novedad de la Pascua del Señor, saber vivir en el amor que ha de traducirse en el servicio.
No hay amor si no sabemos lo que es servir. No hay amor si no sabemos, como Jesús, a bajar, a inclinarte, a despojarte de todo. Ponerte ante Él como discípulo, dejarle abrir sin condiciones su corazón para poder ver también el corazón del hermano que nos necesita, sin ser jueces, sino hermanos que amamos sin condiciones. Lavarle los pies, pero no como un gesto altruista, sino con la gratitud de quien te permite amar a Cristo amando al hermano necesitado.
Jueves Santo es el momento en que Jesús nos deja dos sacramentos, sacramentos del amor. Uno dentro de la comunidad, de la Iglesia, el de su presencia perpetua en el pan y en el vino eucarístico, comida y bebida que nos lleva a la vida eterna, ser Cristo con Cristo. El de su presencia en el amor al hermano más desposeído. En el anciano abandonado que carece de calor en sus últimos años. En la mujer sola, maltratada, prostituida, objeto para la miseria más baja del pecado. En los parados, los que no ven un futuro, una esperanza. En los drogadictos, emigrantes y demás marginados sociales. En los jóvenes sin esperanza, a los que la droga y otros instrumentos del mal han esclavizado, en los niños maltratados, en los niños sin futuro porque nuestro egoísmo los ha dejado sin un mañana. Todos ellos son sacramento de Cristo, presencia de Cristo para ser amado, acogido, integrado.
Jueves Santo es la Eucaristía es un servicio de comunión con los hermanos. Dios no puede escuchar nuestras oraciones si nuestra celebración eucarística no compromete nuestras vidas, no nos descoloca de nuestras comodidades, de nuestro aburguesamiento injusto, que coloca una pantalla para poder vivir nuestra comodidad sin que se nos desgarre el corazón ante el hermano que sufre.
Hace años, Cáritas, marcó este día como el “Día del Amor Fraterno”. Algo que quedó en unas notas, un preciosos postres con hermosos mensajes, que no merecían más allá de un vistazo al entrar o salir de la iglesia. Pero si a esta celebración le quitamos el amor al hermano que más nos necesita, no tendremos derecho a acercarnos a la comunión, no sólo este día, sino nunca. Cristo es la misericordia de Dios, que siempre perdona al que se acerca a él arrepentido de verdad, y especialmente del que hermano que más nos necesita.
Oremos con Él, estemos en su presencia, pero no recitando oraciones que se han preparado o que nos sabemos de siempre. Oremos junto a Cristo Eucaristía desde un corazón contrito y humillado. Que le da gracias al hermano porque le permite lavarle los pies, porque queremos ser uno con él y para él, porque no podemos entender una Eucaristía que no parta de nuestra vida en camino de conversión, en un cambio para vivir según Dios.

Santiago Rodrigo Ruiz

jueves, 26 de marzo de 2015

Comentario de D. Santiago a las lecturas del día 29 de marzo, Domingo de Ramos

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

Celebrar la Semana Santa parece en sí una contradicción. Celebrar, hacer fiesta, del horrible sufrimiento y la muerte más cruenta y dolorosa de un hombre, es una expresión casi cruel. Sólo con ver las imágenes en las procesiones; Cristo con la cruz, flagelado, crucificado, torturado, sangrante y agonizante. La Virgen con expresiones desgarradas, llena de lágrimas. En algunos sitios los cantos penitenciales, o esa saeta, la seguidilla que desgarra la noche. Y a todo esto lo llamamos celebración, fiesta gozosa.
Pues si, y muy gozosa. Porque en ese sufrimiento horrible de Cristo, están presentes todos los pecados de todos los hombres, pasados, presentes y futuros. Esa sangre derramada es una fuente de salvación y de vida para todo el que cree en Cristo, el que lo asume como su Salvador, su Redentor. Salvación y vida porque esa sangre es la mayor manifestación imaginable del amor de Dios para con nosotros.
El Domingo de Ramos lo inicia todo, todo lo avisa. Es la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén, el grito del pueblo que espera un redentor definitivo. Es para nosotros el marco perfecto de la Semana Santa.
Es la entrada triunfal en la que todos los personajes de este acontecimiento van a tomar postura. Los que están contra los romanos y piensan que es el momento de la revolución, y ven en Jesús un guía.
Por otro lado la clase poderosa y las autoridades judías, la clase religiosa que ven a Jesús como un peligro para su modo de ser y vivir, en el que ellos son los únicos intérpretes de la ley, sin tener en cuenta la libertad del pueblo. Ese pueblo que pasa de la aclamación a pedir su crucifixión.
Este estado de cosas asusta a los romanos, que ven en Jesús una posible fuente de preocupaciones, en las que ellos tendrán que actuar y que cortarán en seco si lo ven necesario.
El último grupo de aquella entrada de Jesús en Jerusalén, son los discípulos de Jesús. Que en un corto espacio de tiempo, pasarán de la euforia a la decepción, al abandono y, como será el caso de Pedro, hasta la negación de su conocimiento de Jesús.
Falta un grupo, el nuestro, dónde nos colocaríamos nosotros. Una respuesta estaría en la homilía del Papa Francisco en el Domingo de Ramos pasado. Decía: “Nos haría bien preguntarnos: ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo ante mi Señor? ¿Quién soy yo, delante de Jesús entrando en Jerusalén en este día de fiesta? ¿Soy capaz de expresar mi alegría al alabarlo? ¿O tomo las distancias? ¿Quién soy yo delante de Jesús que sufre? Hemos oído muchos nombres: tantos nombres. El grupo de los líderes religiosos, algunos sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que habían decidido matarlo y estaban esperando la oportunidad de apresarlo ¿Soy yo como uno de ellos?”.
Estamos ante el misterio que se abre ante nosotros y que nos invita a un silencio asombrado ante un Dios en su Hijo, que clama al padre en su soledad y abandono, pero que se entrega  gratuitamente por nosotros.

Según nuestra respuesta será como vivamos esta Semana Santa. Dejándonos desbordar por el misterio. Celebrando al que renuncia a su vida por amor y sigue vivo. Por eso recuperamos nuestra vida definitiva cuando estamos dispuestos a dar la vida por amor.

Santiago Rodrigo Ruiz

sábado, 21 de marzo de 2015

PROGRAMA SEMANA SANTA EN GRIÑÓN (del 29 de Marzo al 5 de Abril)

PROGRAMA SEMANA SANTA 2015

DÍA 29 DE MARZO - DOMINGO DE RAMOS:

12:00   PROCESIÓN DOMINGO DE RAMOS DESDE LAS CLARISAS


DÍA 01 DE ABRIL (MIÉRCOLES)

19 :00   CELEBRACIÓN COMUNITARIA DE LA PENITENCIA EN LA PARROQUIA Y DESPUÉS CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA (para quien lo desee)


DÍA 02 DE ABRIL  (DÍA DEL AMOR FRATERNO - RECOGIDA DE ALIMENTOS EN LOS TEMPLOS)  -  JUEVES SANTO:

18:30    OFICIOS EN LA PARROQUIA
22:30    HORA SANTA EN LA PARROQUIA

A PARTIR DE LAS 24:00 ACOMPAÑAMIENTO AL SANTÍSIMO EN TURNOS DE 1 HORA, PODÉIS APUNTAROS EN LAS HOJAS QUE SE DEJARÁN AL EFECTO EN LA PARROQUIA.


DÍA 03 DE ABRIL  -  VIERNES SANTO:
18:30    OFICIOS EN LA PARROQUIA
21:00    PROCESIÓN DEL VIACRUCIS DESDE LA PARROQUIA


DÍA 04 DE ABRIL:

00:30    PROCESIÓN DEL SILENCIO DESDE LAS CLARISAS
23:00    VIGILIA PASCUAL EN LA PARROQUIA


DÍA 05 DE ABRIL - DOMINGO DE RESURRECCIÓN:

11:00     PROCESIÓN DEL SANTO ENCUENTRO  (DESDE LA PARROQUIA  LA VIRGEN Y DESDE CLARISAS EL RESUCITADO) Y CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA A CONTINUACIÓN EN LA PARROQUIA.

domingo, 13 de abril de 2014

SEMANA SANTA 2014 en Griñón (del 13 al 20 de Abril)

DÍA 13 DE ABRIL, DOMINGO DE RAMOS
"Bendito el que viene en el nombre del Señor"

Celebraciones litúrgicas:
10:00   Bendición de Ramos y Eucaristía en La Salle

12:00   Bendición de Ramos en Clarisas. 
            Procesión hasta la Iglesia Parroquial.
            Celebración de la Eucaristía en la Iglesia Parroquial

20:00   Eucaristía en la Iglesia Parroquial



DÍA 14 DE ABRIL, LUNES SANTO

19:00    Eucaristía y Vía Crucis en la Iglesia Parroquial



DÍA 15 DE ABRIL, MARTES SANTO

12:00    Misa Crismal en la Catedral de la Magdalena (Getafe)

19:00    Celebración Comunitaria de la Penitencia (dentro de la Eucaristía) en la Iglesia Parroquial



DÍA 16 DE ABRIL, MIÉRCOLES SANTO

19:00    Eucaristía y Vía Crucis en la Iglesia Parroquial



DÍA 17 DE ABRIL, JUEVES SANTO
"Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros como Yo os he amado"

12:00     INTRODUCCIÓN AL JUEVES SANTO en la Capilla del Santísimo (Iglesia Parroquial)

Celebraciones litúrgicas:
17:00   Cena del Señor en La Salle

17:00   Cena del Señor en Clarisas.

18:30   Cena del Señor en la Iglesia Parroquial.
         
22:30    Hora Santa en la Iglesia Parroquial.

A partir de las 00:00 del Viernes:  Acompañamiento al Santísimo durante la noche por miembros de la Comunidad en intervalos de 1 hora.



DÍA 18 DE ABRIL, VIERNES SANTO
"Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte y a una muerte de cruz"

12:00     INTRODUCCIÓN AL VIERNES SANTO en la Capilla del Santísimo (Iglesia Parroquial)

Celebraciones litúrgicas:
16:30   Oficios en Clarisas

17:00   Oficios en La Salle.

18:30    Oficios en la Iglesia Parroquial
         
21:00    Procesión del VÍA CRUCIS: Salida y llegada en la Iglesia Parroquial.




DÍA 19 DE ABRIL, SÁBADO SANTO
"Sepultados con Cristo, por el Bautismo, resucitaremos con Él a la Vida Eterna"

01:00     PROCESIÓN DEL SILENCIO 
              Salida desde la Iglesia de las Clarisas (el regreso será a la Iglesia Parroquial)

Celebraciones litúrgicas:
20:00   VIGILIA PASCUAL  en La Salle

20:00   VIGILIA PASCUAL en Clarisas

23:00    VIGILIA PASCUAL en la Iglesia Parroquial.



DÍA 20 DE ABRIL, DOMINGO DE RESURRECCIÓN
"Verdaderamente ha resucitado el Señor, Aleluya"


Celebraciones litúrgicas:
09:00   Eucaristía en Clarisas

10:00    Eucaristía en La Salle

11:00    PROCESIÓN DEL SANTO ENCUENTRO.
             Salida del Resucitado: Iglesia de Clarisas
             Salida de la Virgen: Iglesia Parroquial
               Encuentro en la Plaza Mayor
               Procesión a la Iglesia Parroquial y Eucaristía

20:00    Eucaristía en la Iglesia Parroquial